Primavera 2015

Historia

Biografía

Abraham Lincoln: El Viaje de un Peregrino

Ron Dodgen

Abraham Lincoln es ampliamente estimado como el más ilustre, respetado y firme de los presidentes de los Estados Unidos. Sin embargo, en áreas cruciales, sus puntos de vista evolucionaron en gran medida a lo largo de su vida.

Cuando se menciona a los grandes presidentes de Estados Unidos, el nombre de Abraham Lincoln generalmente se encuentra al principio de la lista. Es un merecido reconocimiento. Lincoln dirigió a la nación a través de una terrible guerra civil que preservó la Unión. También, más que a ninguna otra persona, se le puede dar crédito por la eliminación de la mácula de la esclavitud del tejido nacional de los Estados Unidos. 

Lincoln, como cualquier otro gran líder, tenía capacidades únicas, al igual que defectos como cualquier otro. Esos defectos, sin embargo, no menguaron su reputación; al contrario, estos nos ayudan a apreciar el complejo momento durante su gobierno. A diferencia de la mayoría de los líderes nacionales, este presidente fue en gran medida indiferente a las opiniones que los demás tenían sobre él. También fue tolerante con las opiniones contrarias y mostró su disposición a pasar por alto los errores de los demás. El biógrafo David Herbert Donald adjudica estos diversos rasgos de «la pasividad esencial de su naturaleza», los cuales produjeron una presidencia cuyo sello fue una negociación tranquila y paciente con los aliados, rivales, subordinados y opositores.

Lincoln era un hombre de perseverancia, ambición y seguridad. Insignemente nació en una cabaña de madera en Kentucky en 1809, su educación formal alcanzaba a menos de un año, pero a partir de ese cimiento limitado él se enseñó a leer y escribir, así como principios de matemáticas.

Sus padres eran feligreses de la iglesia Bautista, salvo que siendo un joven, Lincoln se apartó del cristianismo tradicional debido a lo que él consideraba los excesos emocionales limitados por la religión. También fue influenciado por La Edad de la Razónde Thomas Paine, con sus ataques racionalistas a la religión. A pesar de este escepticismo, Lincoln leía la Biblia con frecuencia y buscaba entendimiento y conexión espiritual en tiempos de problemas y dificultades. Su creencia en una deidad estaba gobernada por la Doctrina de la Necesidad, que sostiene que las acciones de un individuo están predeterminadas y moldeadas por los deseos desconocidos de algún Poder Superior. Citaba repetidamente a Shakespeare al respecto: «Hay una divinidad que forja nuestros fines, por mucho que queramos alterarlos».

CAMINO A LA POLÍTICA 

Lincoln se alejó de su casa a los 22 y se estableció en New Salem, Illinois. Útil, trabajador y con un don para contar historias, fue del agrado inmediato en esa pequeña comunidad. «Era un hombre extraño» cuenta Donald, «quien podría no divertirse cuando este joven desgarbado de doliente rostro comenzaba a relatar uno de sus cuentos». Esta habilidad se extendió a los discursos políticos. Antes de que se mudara a New Salem, sus amigos le pidieron dar lo que ellos pensaban sería una réplica humorística de un político local que no cumplió con la costumbre de proporcionar bebida para los asistentes a una reunión política. En lugar de eso, Lincoln lanzó un discurso haciendo eco a los reclamos del partido Whig de mejorar los ríos locales en apoyo a la economía.

Sus cualidades naturales de liderazgo y su entendimiento de los Ríos Sangamon y Ohio por su valor económico (obtenido de dos viajes por el río a Nueva Orleans) llevaron su nombre a presentarse como candidato del Whig para la legislatura de Illinois.

«No tengo [ambición] tan grande como la de ser verdaderamente apreciado por mis semejantes, por la prestación de hacerme digno de su estima. ¿Qué tan lejos llegaré gratificando esta ambición? Aún está por desarrollarse». 

Abrahan Lincoln, “Communication to the People of Sangamo County, Illinois,” on his candidacy for the state legislature (March 9, 1832)

Cuando Lincoln perdió este su primer intento para oficina electoral, compró media propiedad de un almacén de ramos generales, y cuando esa empresa fracasó, trabajó una temporada como jefe de correos locales, aprendió por sí mismo la trigonometría y el comercio de la agrimensura, e incluso comenzó a estudiar leyes con libros prestados.

En 1834 nuevamente se postuló para la legislatura estatal y ganó, pasando a servir cuatro períodos consecutivos de dos años en la Cámara de Representantes de Illinois convirtiéndose en un líder del Whig en ese órgano legislativo. Para 1836 obtuvo su licencia para ejercer la abogacía mudándose a Springfield para establecer un despacho de abogados. Fue allí donde conoció y se casó con Mary Todd.

En enero de 1838, durante su segundo mandato en la legislatura estatal, Lincoln pronunció un discurso en el que atacó a la emotividad excesiva dentro de la política. Inspirado por la reciente violencia de las turbas racistas inducida en St. Louis, advirtió que la libertad democrática estaba en peligro por «los celos, la envidia y la avaricia, incidente a nuestra naturaleza». Sugirió un enfoque para la autoridad creado «de la cantera sólida de razón sobria». Para navegar en línea recta hacia las decisiones correctas en el gobierno, insistió en que la nación debe depender, «en la razón desapasionada calculada y fría». 

«Hace cerca de ochenta años comenzamos declarando que todos los hombres son creados iguales; pero hoy en día ahora desde ese comienzo hemos pasado a la otra declaración, que para algunos hombres el esclavizar a los demás es un “derecho sagrado de autonomía”. Estos principios no pueden estar juntos». 

Abraham Lincoln, speech at Peoria, Illinois (October 16, 1854) 

Lincoln empleó esta metodología a uno de los temas más divisivos de su época. Siempre fue antiesclavista («Si la esclavitud no está mal, nada está mal. No puedo acordarme que no lo haya pensado y sentido así de esa manera»); aunque, se oponía al sentimentalismo, a la moralidad excesiva y la naturaleza sentenciosa de los abolicionistas, creyendo que su esfuerzo hizo más por dividir que por resolver. Si bien, él creía que la esclavitud estaba protegida constitucionalmente en los estados donde existía, sintió que su desaparición vendría a través de la prohibición de su expansión en los territorios occidentales. 

​MÍSTER LINCOLN SE DIRIJE A WASHINGTON 

Lincoln fue elegido en la Cámara de Representantes en 1846 y sirvió un término sin complicaciones. Antes y después, se concentró en su profesión de abogado, convirtiéndose en uno de los más importantes en el estado de Illinois.

En 1854 se postuló para el Senado de los Estados Unidos, pero perdió. Casi al mismo tiempo, los Whigs sufrieron una división irremediable y Lincoln se unió al Partido Republicano recién formado, cuya postura se mantenía por el pensamiento económico progresivo y la oposición a la expansión de la esclavitud. En 1858 fue elegido nuevamente candidato republicano contra el demócrata Stephen Douglas. Los puntos centrales de la contienda fueron siete debates entre los dos hombres que se llevó a cabo por todo Illinois. En la campaña Lincoln expresó fuertemente su convicción antiesclavista, al comentar que los padres fundadores «Desearon y esperaron la extinción definitiva» de la esclavitud. Citando la Biblia, declaró, «“Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer”. Creo que este gobierno mitad esclavo, mitad libre no puede perdurar para siempre». 

«Cuando el juez Douglas dice que quien sea, o la comunidad que sea, quiere esclavos, tienen derecho a tenerlos, está perfectamente en lo lógico si no hay nada malo en la institución; pero si usted admite que es un error, lógicamente no puede decir que cualquiera tiene derecho a hacer lo malo». 

Abraham Lincoln, sixth debate with Stephen A. Douglas (October 13, 1858)

No obstante, Lincoln era un político, y la política inevitablemente expone los defectos humanos. Se encontraba absorto en una carrera donde la contienda por los votos se llevó a cabo en un ambiente anti-esclavista todavía fuerte. Por lo tanto, pudo haber sido en su mejor interés político trazar una línea entre la libertad de la esclavitud y la igualdad social y política. «¿Y después qué?» se preguntó. «¿Liberarlos y hacerlos política y socialmente nuestros iguales? Mis propios sentimientos no admiten esto; y [incluso] si lo hiciera, sabemos bien que la gran masa de personas de raza blanca no lo admiten». Hizo otras declaraciones similares, que contribuyen a una profunda, decepcionante y poco conveniente a la lectura hoy en día. Sin embargo, en realidad, sus puntos de vista respecto a la raza reflejaban la opinión de la mayoría en el Norte. A lo largo de su vida permaneció indeciso en cuanto al futuro de los esclavos libres y probablemente nunca pudo abandonar por completo la idea de que la emancipación gradual era el medio por el cual las dos razas podrían cambiar mejor su relación. 

El historiador David Potter, ganador del premio Pulitzer, dice que a Lincoln se le podría describir como «un leve oponente de la esclavitud y un defensor moderado de la discriminación racial… [Con todo] Sostuvo un concepto de la humanidad que lo impulsaba inexorablemente en dirección a la libertad y la igualdad». 

A pesar de que Lincoln perdió su segunda candidatura para el Senado, la carrera lo estableció a nivel nacional como una estrella en ascenso en el Partido Republicano. Su nombre comenzó a mencionarse como un posible candidato a la presidencia—un candidato cuyas posibilidades de nominación se incrementaron pues los principales candidatos, todos, cargaban con bagaje político, lo que dificultaba las elecciones. Además, el partido sabía que el triunfo de Illinois sería esencial para la victoria republicana. 

Horace Greely, editor de un periódico capturó el sentimiento del partido: «Quiero [el Partido Republicano] tener éxito en esta ocasión, a sabiendas de que este pais no es antiesclavista. Sólo tolerará un poco de antiesclavismo dulcificado hasta cierto punto. Per se, no se puede elegir a un antiesclavista; pero si a un hombre de aranceles, de ríos y puertos, de ferrocarriles, de asentamientos rurales, puede tener éxito aunque sea antiesclavista». No había una clara primera opción para el partido; Lincoln se había convertido en el candidato, porque él era, en palabras de un partidario, «la segunda opción de todo mundo». 

A lo largo de la campaña presidencial la dependencia de Lincoln sobre la razón le llevó a rechazar las amenazas emocionales sureñas sobre la secesión como alardeos, y tomó a la ligera una potencial desunión, por el contrario, no calculó correctamente el estado de ánimo sureño. Donn Piatt periodista en Ohio escribió más tarde, «El Sr. Lincoln no creía, ni se le podía hacer creer, que el Sur significaba la secesión y la guerra». Cuatro años antes, Lincoln había comentado, «Toda esta charla sobre la disolución de la Unión es un disparate—nada más que una locura». 

Después de su elección, Lincoln le aseguró al Sur que la esclavitud sería intocable en los estados sureños. Estaba totalmente comprometido con la preservación de la Unión, aunque por la fuerza de ser necesario. Y la fuerza se llevó a cabo. A pesar de sus garantías, 11 estados finalmente se desligaron. La guerra llegó en abril de 1861 y duró cuatro terribles años. 

BUSCANDO LA PAZ—Y UN PROPOSITO

Con su elección como presidente, Lincoln comenzó a hablar en términos cada vez más religiosos. En su marcha hacia Washington para tomar la presidencia, le dijo a un grupo de gente reunida, «Sin la ayuda del Ser Divino,… No puedo lograr el éxito». 

A medida que la lista de bajas aumentaba y la guerra continuaba sin resolución, le dijo a una pequeña delegación de Quakers (siendo citado al siguiente día en el Tribune de Nueva York) «que estaba profundamente consciente de su necesidad de ayuda Divina. Había pensado en algún momento que tal vez podría ser un instrumento en las manos de Dios para llevar a cabo una gran obra». Con frecuencia buscaba en las páginas de la Biblia respuestas al por qué de la prolongación de la lucha. 

En un momento particularmente difícil durante la guerra, el presidente escribió para sí algunas reflexiones sobre el propósito de Dios al permitir el conflicto: «Casi estoy presto a decir… que Dios controla esta lucha, y decide que no termine aun… Pudo ya sea salvar o destruir la Unión sin participación humana. Sin embargo, la contienda comenzó. Y, al haber comenzado puede darle la victoria final a cualquier bando en cualquier día. Aun así, la contienda continúa». Había precedido estas palabras con una noción especialmente intuitiva y aun así perturbadoras: «Es muy posible que el propósito de Dios sea muy diferente al propósito de cualquiera partido».

Después de 15 meses de guerra, las fortunas militares del Norte estaban en peligro. Con humillantes derrotas en batalla, la esperanza de un breve encuentro para poner fin a la rebelión se había evaporado. Durante un paseo en carruaje con dos miembros de su gabinete, Lincoln dijo que «había llegado a la conclusión… que debemos liberar a los esclavos o ser nosotros mismos subyugados». En otra ocasión, recordando los acontecimientos que habían llevado a la nación a ese punto, señaló «acabamos de jugar nuestra última carta, y debemos cambiar nuestras tácticas, ¡o perdemos el juego !» 

Lincoln creía que al Congreso le faltaba autoridad para terminar con la esclavitud. Sin embargo sabía que tenía la autoridad de actuar por sí mismo. La Proclamación de Emancipación concedida el 1º de enero de 1863, fue presentada como una «medida de guerra justa y necesaria».

Sin lugar a dudas Lincoln estaba convencido de que este era el camino correcto: «Nunca en mi vida, me sentí que estaba haciendo lo correcto, que al firmar este documento». Sin embargo, fue más que una maniobra para librar a la sociedad de una vergüenza nacional. Lincoln habló con la verdad con respecto a la necesidad militar, mientras buscaba privar al Sur de la mano de obra esclava necesaria para apoyar su capacidad económica para hacer la guerra y dotar de hombres al ejército confederado. También actuó para asegurarse de que la Gran Bretaña y Francia no reconocerían oficialmente la Confederación como nación. 

No obstante, en agosto de 1862, el presidente escribió, «Mi objetivo primordial en esta lucha es salvar a la Unión, y no es ni para salvar o destruir la esclavitud». Escrita demasiado pronto antes de la Proclamación de la Emancipación, esta declaración puede parecer extrañamente incongruente, sin embargo, simplemente refleja su arraigada certidumbre de que la esclavitud de cualquier forma terminaría a través de su exclusión en los estados y territorios del oeste. Sin embargo, al aumentar las muertes, deseaba profundamente terminar lo más pronto posible el sangriento conflicto, con la Unión totalmente restaurada. Si la guerra hubiera podido terminar con la Unión intacta y los esclavos emancipados gradualmente, Lincoln probablemente habría aceptado esa opción. Pero sus pensamientos se inclinaban hacia un objetivo mayor. 

«Hace ochenta y siete años nuestros padres crearon en este continente una nueva nación, concebida bajo el signo de la libertad y consagrada a la premisa de que todos los hombres nacen iguales. Hoy nos hallamos embarcados en una vasta guerra civil que pone a prueba la capacidad de esta nación, o de cualquier otra así concebida y así dedicada, para subsistir por largo tiempo». 

Abraham Lincoln, Pronunciamiento de Gettysburg (19 de noviembre, 1863) 

El 19 de noviembre de 1863, el presidente dedicó un cementerio en Gettysburg, Pensilvania, donde una batalla de tres días había dado como resultado la más alta cantidad en bajas de la guerra. El Pronunciamiento de Gettysburg es uno de los más breves y el más conmovedor de todos los escritos nacionales. En su pronunciamiento ofreció una renovación de la propósito de la Declaración de la Independencia —que la nación fue «concebida en Libertad»; urgió a su audiencia a «dilucidar en que estas muertes no fueron en vano —que esta nación, bajo Dios tendrá un nuevo renacer a la libertad». De este modo Lincoln amplió las aspiraciones de la guerra, de la preservación de la Unión solamente hasta la preservación de la Unión y la emancipación de la esclavitud para todos. 

Mientras que la guerra se acercaba a su fin, Lincoln fue reelegido presidente. En su segundo discurso inaugural, dado el 4 de marzo de 1865 (seis semanas antes de ser asesinado), presentó a la nación con un mensaje que el reformador social y ex esclavo Frederick Douglas denominó un «esfuerzo sagrado»: El presidente ahora confiadamente declaró que «el Todopoderoso tiene sus propios propósitos» separados de los objetivos partidistas de cada lado en el conflicto. Más tarde escribió que negar esto era como «negar que existe un Dios gobernando el mundo», añadiendo que, «Es una verdad que pienso necesitaba ser dicha».

Lincoln llegó a especular que la guerra podría ser un castigo de Dios debido a la inhumanidad de toda la nación. Con esperanza más que con certeza, declaró el deseo de la nación: «Esperamos profundamente—oramos con fervor—que este poderoso flagelo de la guerra pueda desaparecer rápidamente». Pero luego, misteriosamente, sugirió que la expiación por el pecado nacional, presente desde la fundación del país y con la responsabilidad común, aún podría requerir de un alto precio. A pesar de ello, había llegado a un punto en su vida en la que reconoció que la sabiduría y el propósito de Dios eran inexpugnables: «Si Dios quiere que continúe, hasta que toda la riqueza amontonada durante doscientos cincuenta años por el trabajo no correspondido del esclavo y hasta que cada gota de sangre extraída con el látigo, sea pagada con la espada, como fue dicho hace tres mil años, por lo que todavía hay que decir “los juicios del Señor son verdad, todos justos”».

Concluyó su pronunciamiento: «Con malicia hacia nadie; con caridad para todos; con firmeza en lo correcto, como Dios nos da para ver lo correcto, esforcémonos en terminar la obra en la que estamos; para vendar las heridas de la nación… » 

«En lo que respecta a este gran libro, tengo que decir que es el mejor regalo que Dios ha dado al hombre… . De no ser por él, no podríamos discernir el bien del mal. Todas las cosas más deseables para el bienestar del hombre, aquí y en adelante, se encontrarán reflejados en ella». 

Abraham Lincoln, “Reply to Loyal Colored People of Baltimore Upon Presentation of a Bible” (September 7, 1864)

El deseo de Lincoln era de reunificación, no retribución. Abogó por una vía indulgente a la reunificación con los estados rebeldes, pidiendo primordialmente por un juramento de lealtad a la Constitución y una aceptación de las proclamaciones presidenciales y actos legislativos para poner fin a la esclavitud. Pero siendo asesinado por John Wilkes Booth, el 14 de abril de 1865, dio el control de la Reconstrucción a un elemento más duro, prolongando así las contiendas parciales después del fin de la guerra. 

Dada la evolución gradual de sus puntos de vista, podría describírsele como un peregrino en la ruta a la emancipación. Salvo que, el escritor estadounidense Stephen Mansfield lo presenta como a «un peregrino religioso» en busca de la verdad espiritual. Aunque a temprana edad bastante escéptico de la religión, El escepticismo de Lincoln fue sustituido por una profunda creencia en la interacción de Dios con el hombre para Su propio propósito. En tanto que el decimosexto presidente de los Estados Unidos es recordado y ampliamente respetado por lo que logró durante su tiempo en el cargo, este aspecto crítico de su eventual visión del mundo rara vez se le reconoce solamente.