¿Cuántos Evangelios Existen?
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¿Cómo podemos estar seguros de que el  recuento de los Evangelios contenidos en el Nuevo Testamento es a la vez auténtico y autoritativo? 
 
 

El descubrimiento de las narraciones de evangelios diferentes a aquellos que se encuentran en el Nuevo Testamento, de entre los cuales muchos de ellos están entre los documentos de Nag Hammadi descubiertos en Egipto durante la década de 1940, provocó una verdadera tormenta de fuego, y no solamente en los círculos teológicos. Escritores famosos han entrado también el debate por lo que han ganado adeptos incluso entre la población general. Muy recientemente la publicación del Evangelio de Judas ha añadido más leña al fuego. 

 

Muchos afirman que estos otros evangelios, un buen número de los cuales fueron escritos en los siglos II y III, han sido deliberadamente marginalizados y deberían haber tenido un lugar en el canon de las Escrituras. De acuerdo con este punto de vista, estas obras fueron excluidas, en parte porque no estaban de acuerdo con los puntos de vista ortodoxos en tan variados temas como Jesús, la estructura de la iglesia y el lugar de la mujer en la iglesia. 

 

Una declaración hecha por Elaine Pagels, autoridad respetada en el estudio de los evangelios gnósticos, expresa su sentir de esta manera: “Si [los líderes de la iglesia] suprimieron demasiado de la historia cristiana primitiva, ¿qué otra cosa no sabemos? ¿Qué más hay por saberse? . . . Como historiadora, creo que es una pregunta muy importante, pues su respuesta es muy importante”. 

 

¿Se ha omitido material? ¿Cómo podemos estar seguros de que las narraciones del Evangelio contenidas en el Nuevo Testamento son tanto auténticas como autoritativas, y que la omisión de estos relatos adicionales no fueron un error—deliberado o lo contrario? 


 

IDEAS CREATIVAS 

La preocupación expresada por Pagels y otros es válida solo si los libros que componen el Nuevo Testamento, los Evangelios en particular, fueron seleccionados por inclusión siglos después de haber sido escritos, como mucha gente cree. Una popular idea es que la composición final fue diseñada por orden del emperador Constantino en el siglo IV—idea popularizada por Dan Brown en su best-seller en 2003 El Código Da Vinci. 

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¿Y que decir del número? ¿Bajo la autoridad de quién tenemos cuatro evangelios? Es fácil dar una respuesta bajo una presunción creativa, que de hecho muchos la dan. En efecto, fueron varios Padres de la Iglesia católica, comenzando por Ireneo en el siglo II, quien fuel el primero en presentar por vez primera explicaciones en cuanto a los cuatro. Hasta la fecha, sus teorías siguen siendo muy populares, aunque la mayoría tienen muy poco que ver con la Biblia misma o sólo tienen una relación tangencial con esta, por ejemplo, que los cuatro Evangelios se correlacionan con las cuatro "criaturas vivientes" que el apóstol Juan vio en una visión (Apocalipsis 4:7), o con los cuatro puntos cardinales de la brújula, o la idea de que el mundo se compone de cuatro elementos. Cualquier persona puede encontrar un grupo de cuatro elementos que de alguna manera siente que es aplicable. Sin embargo, todas las explicaciones están basadas en el razonamiento humano, no en una autoridad histórica. 

La gente también ha argumentado que los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento hayan sido escritos por apóstoles, en tanto que los otros evangelios no lo fueron. Sin embargo, los escritores del Evangelio, Marcos y Lucas no sólo no eran apóstoles, sino que así como su nombre lo indica, el evangelio no canónico de Pedro pretende ser la obra de un apóstol (una afirmación ampliamente rechazada por los estudiosos, no obstante). 

No obstante, otros defienden la selección final, diciendo que estos fueron escritos en representación de los apóstoles. Ciertamente existe evidencia interna en el Nuevo Testamento en apoyo a esa idea. El problema con razonar partiendo de ese punto de vista, es que la mayoría de las personas no aceptan la Biblia como autoridad para empezar. Entonces, ¿qué validez tiene la evidencia interna por cuenta propia? 

  

PRONTA ACEPTACIÓN 

Lo que necesitamos es establecer la autoridad detrás del Canon del Nuevo Testamento. ¿Qué credibilidad puede tener una explicación, a menos que la persona que la ofrece pueda recurrir a la autoridad de quien creó la recopilación para empezar? 

En efecto, como veremos mas adelante, la interrogante de cuales narraciones del Evangelio serían las incluidas en el Nuevo Testamento fue resuelta mucho antes de que los recientes evangelios adicionales fueran descubiertos, incluso antes de que fueran escritos. Así que la exclusión de esos textos adicionales se podría justificar en función exclusiva del momento de su escritura, sin siquiera considerar los problemas con su contenido. El tiempo también se basa en tela de juicio su autenticidad en el sentido de que no pudieron ser obra de los testigos de Jesucristo. 

Sin embargo, Lucas comenta que incluso durante su época se habían escrito muchos recuentos sobre la vida y la época de Jesúcristo además de sus primeros discípulos (Lucas 1:1-4), y a pesar de eso, a finales del siglo II, numerosos autores observaron la existencia de sólo cuatro como parte de la Escritura. Entre estos escritores estuvieron Ireneo (c. 140-200 dC), obispo de Lyon, quien conocía en su juventud a Policarpo discípulo de Juan. Ireneo escribe de los cuatro Evangelios (Contra las herejías 3.11), los mismos cuatro que se incluyen en el Nuevo Testamento hasta nuestros días. 

Poco tiempo antes, también durante el tercer trimestre del segundo siglo, un sirio convertido llamado Taciano había preparado su Diatesarón, una sola concordancia que armonizaba con los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento. 

El Canon Muratorio, una lista de los libros de la Biblia que data de finales del siglo II, al igual que Clemente de Alejandría, Tertuliano y Orígenes, cada escritura proveniente de África de finales del II y principios del siglo III, proporcionan testimonio adicional a la aceptación universal de los cuatro Evangelios en todo el mundo conocido previos a la creación de una autoridad central de la ortodoxia. 

El hecho de que a finales del siglo II sólo cuatro Evangelios fueron aceptados como autoridad, se ve confirmada por el descubrimiento de las copias físicas de las cuatro obras unidas en forma de libro y que datan de finales del siglo II y principios del III. Los libros en ese tiempo se hacían de papiro, una caña que decaía rápidamente en condiciones húmedas. Así pues, se han descubierto copias solamente en las condiciones secas del desierto de Egipto, incluso ahí muchos de los libros sólo son fragmentos. Numerosos papiros fueron encontrados en Oxirrinco, Egipto, a finales del siglo XX, mientras que un número de fragmentos de manuscritos más extensos apareció en un mercado de antigüedades en Egipto en la década de 1930. Los manuscritos al parecer habían sido escondidos en el interior de unas tinajas de piedra en el interior de una iglesia en una zona desértica de Egipto, y hoy en día sus restos se encuentran en bibliotecas de Irlanda, Estados Unidos, el Reino Unido y Europa. 

Estos fueron sensacionales descubrimientos a medida que retrocedía la fecha de los manuscritos existentes-aunque incompleto- por más de un siglo anterior a los textos más antiguos conocidos hasta ese momento. Algunos segmentos del Evangelio de Juan fechan desde principios del siglo II y constituyen los fragmentos más antiguos que se conservan del Nuevo Testamento. Los papiros marcados por los arqueólogos y papirólogos como el P75, es considerado ser de finales del siglo III o principios del II y contiene partes de Lucas seguido por Juan. Sin embargo, el P45 es en algunos aspectos, el más notable, data del siglo III, pues contiene gran parte de los cuatro evangelios, así como del libro de los Hechos. 

  

EL ESLABÓN PERDIDO 

A partir de los escritos de Ireneo y otros, sabemos que los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento habían sido aceptados como Escritura en la segunda mitad del siglo II. Pero todavía no hemos visto la conexión definitiva a la época de los apóstoles —testigos oculares de los acontecimientos de la vida y muerte de Jesús. 

Para encontrar esa conexión tenemos que recurrir a un personaje muy conocido del siglo IV, Eusebio Pánfilo historiador de la iglesia. Eusebio cita directamente de los escritos de un hombre llamado Papías (ca. 60-135 e.c.) sobre los antecedentes a la redacción de dos de los evangelios (Historia Eclesiástica 3,39). Papías, identificado como obispo de Hierápolis, en Asia Menor, afirmó que su conocimiento provenía de los que habían caminado de hecho con los apóstoles. Sus obras se han perdido para la historia, sin embargo, varios escritores del siglo II estaban bien familiarizados con ellos y citaron o parafrasearon porciones de estos. 

Eusebio mismo se involucra en una discusión de los cuatro Evangelios en Historia Eclesiástica 3,24, nombrando, en orden, los cuatro relatos que tenemos hoy: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En 3,39 identifica a Papías como su fuente para confirmar que los recuentos de Mateo y de Marcos eran auténticos y ya aceptados como canónicos en la primera parte del siglo segundo. Pero en ninguna parte cita directamente a Papías en relación con los Evangelios Lucas o Juan. 

Hoy, sin embargo, respetados estudiosos del Nuevo Testamento tales como Charles E. Hill ofrecen pruebas convincentes de que Eusebio incluyó una paráfrasis extensa de los escritos de Papías sobre el tema, conservando gran parte del vocabulario de la obra original. La forma en que Eusebio comienza el recuento indica que estaba haciendo referencia a una fuente no identificada escrita. Basado en un estudio riguroso de la redacción de Eusebio, y comparándolo con otros fragmentos similares en las obras de escritores del II y III siglo, también conocidos por haber leído y citado a Papías (incluyendo Ireneo, Orígenes y el escritor del Canon Muratorio), Hill llega a la conclusión que las palabras de Eusebio en la Historia Eclesiástica 3.24.5-13 proceden directamente de los escritos de a Papías. En ese pasaje, Eusebio comienza con una referencia al Evangelio de Mateo y luego continúa:  

“Y cuando Marcos y Lucas ya habían publicado sus Evangelios, dicen que Juan, quien había empleado todo su tiempo en la proclamación del Evangelio por vía oral, por fin se puso a escribir por la siguiente razón. Los tres evangelios ya mencionados habiendo llegado a las manos de todos y a su propia también, dicen que los aceptó y dio testimonio de su veracidad, pero que faltaba en ellos una relación de las obras hechas por Cristo a principios de su ministerio. . . . 

“En consecuencia, dicen que el apóstol Juan. . . dio en su Evangelio un recuento del período que había sido omitido por los primeros evangelistas, además de las obras hechas por el Salvador durante ese período. . . . 

“Consecuentemente, Juan en su Evangelio registra los hechos de Cristo que se llevaron a cabo antes de que el Bautista fuera puesto en prisión, los otros tres evangelistas mencionan los eventos que pasaron después de ese tiempo”. 

Tras su polémica presentación  de la información disponible, Hill comenta que en su opinión, sugerir que otro diferente a Papías es la fuente de Eusebio en este pasaje “estresa la credibilidad mas allá de su limite”. Este postula que “no solamente el recuento de Eusebio en Historia Eclesiástica 3.24.5–13 es adaptado de Papías sino que es escasamente posible concebir que esta proceda de alguien mas”.  

Basado en las conclusiones de Hill, Papías, cuya fuente fueron aquellos que habían conocido y caminaron con Juan y los demás apóstoles, verifica que Juan reconoció la autenticidad de los otros tres Evangelios: Mateo, Marcos y Lucas. Esto lleva a la conclusión adicional de que los cuatro recuentos del Evangelio que el cristianismo utiliza hoy en día deben su autoridad y su lugar en el canon de las Escrituras al apóstol Juan a finales del siglo I (según lo registrado por Papías, y más tarde parafraseado por Eusebio). La similitud de los detalles grabados en otros escritos del siglo II es un testimonio del hecho que Papías fue su fuente común. Por otro lado, el registro de Papías sobre la aceptación de Juan de los tres primeros Evangelios y su adición de un cuarto a finales del siglo I cuenta para la evidencia arqueológica de los libros del siglo II y principios del siglo III que contienen los cuatro Evangelios. En cuanto al Evangelio de Juan, Eusebio señala en el siglo IV que "ha sido aceptado sin discusión, tanto ahora como en los tiempos antiguos" (03/24/17, énfasis añadido). 

Numerosos académicos ahora consideran los cinco libros de Papías (exposición colectiva titulada Explicación de los Dichos del Señor) haber sido escritos en la primera década del siglo II. Esto hace que la referencia más temprana a la aceptación de los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan esté dentro de los 80 años después de la muerte de Jesucristo. 

EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO 

Incluso antes del final del primer siglo varios escritos apostólicos fueron considerados a la par con las Escrituras Hebreas o Antiguo Testamento. Esto es evidente en una de las epístolas de Pedro, él comenta que algunas personas estaban torciendo los escritos del apóstol Pablo “como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3:15–16). 

Mientras que Pedro estaba hablando específicamente de las epístolas de Pablo, el registro de la historia es que a finales del siglo I los cuatro relatos de los evangelios incluidos en el Nuevo Testamento, habían sido establecidos como canónicos por la iglesia primitiva. 

Nadie sabe el número exacto de recuentos adicionales escritos a lo largo de los siglos. Sin embargo, además de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, cualquier escrito antes del Evangelio de Juan fue omitido por la decisión de Juan. No se dejó al capricho de Constantino o de cualquier otra figura posapostólica con autoridad, sino que fue llevado a cabo por un testigo ocular de la vida y las enseñanzas de Jesucristo. La composición final de los evangelios bíblicos nunca fue una cuestión de lo que convenía a los diversos grupos religiosos o iglesias, antes bien, la recopilación del Nuevo Testamento y los cuatro Evangelios, fue sancionada por la persona que se entiende fue el último apóstol sobreviviente y compañero del mismo Jesucristo.

REFERENCIAS SELECCIONADAS:

1 Richard Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels As Eyewitness Testimony (2006).  2 Charles E. Hill, “What Papias Said About John (and Luke): A ‘New’ Papian Fragment,” in Journal of Theological Studies (October 1998).  3 Charles E. Hill, Who Chose the Gospels? Probing the Great Gospel Conspiracy (2010).  4 Elaine Pagels, The Gnostic Gospels (1979).  5 Philip Schaff (editor), The Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, Vol. I (Logos Research Systems, 1997).  6 Philip Schaff (editor), The Ante-Nicene Fathers: The Writings of the Fathers Down to A.D. 325, Vol. 1 (Logos Research Systems, 1997). 

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